Alioli con patatas, salsa barbacoa con carne, César con ensalada… Tenemos algunas combinaciones tan interiorizadas que parece que cada salsa viene con su plato asignado por decreto. Las repetimos casi en piloto automático, sin pararnos a pensar en el partidazo que le sacaríamos a ese bote si nos saliéramos del guion.
La gracia está en romper esas normas no escritas. Una salsa que siempre sirves como simple acompañamiento puede convertirse en el ingrediente secreto de una receta al horno o encajar de maravilla con ingredientes que ni te imaginabas.
Aquí tienes tres formas facilísimas de darles una segunda vida a tus salsas para probar sabores nuevos y, de paso, aprovechar todo lo que tienes en la nevera.
- Cambia de pareja: la misma salsa, otros ingredientes
Empecemos por lo más fácil: seguir utilizando la salsa como acompañamiento, pero cambiar aquello que ponemos a su lado.
El alioli es un buen ejemplo. Si normalmente lo reservas para las patatas o el arroz, prueba a servirlo con verduras asadas, pescado a la plancha o unas alcachofas. El uso es exactamente el mismo, pero la combinación cambia.
Con la salsa barbacoa ocurre algo parecido. Su relación con las carnes es casi automática, aunque también puede acompañar unas patatas gajo, unas verduras al horno o incluso servir para dipear unos aros de cebolla.
¿Y la César? Tampoco tiene por qué aparecer únicamente cuando hay lechuga de por medio. Puedes probarla con unas patatas asadas, unas verduras crudas o unos fingers de pollo.
Simplemente prueba esa salsa que ya conoces con algo diferente y descubre si la nueva pareja funciona.
- Métela en la receta, no la dejes siempre al lado
El siguiente paso es cambiar el papel que juega la salsa. En lugar de servirla cuando el plato ya está terminado, prueba a incorporarla durante la preparación.
Una salsa puede servir, por ejemplo, para dar sabor a un relleno. Si tienes pollo cocinado de otra comida, desmenúzalo y mézclalo con un poco de salsa barbacoa antes de utilizarlo en
un wrap, una quesadilla o un bocadillo caliente. En pocos minutos tienes otra receta y, además, has aprovechado algo que ya estaba preparado.
También puedes añadir una salsa cremosa a determinadas mezclas. Un poco de mayonesa puede ayudar a ligar un relleno de atún y huevo para unas tostas o un sándwich. El guacamole, por su parte, puede convertirse en la base de una tostada sobre la que añadir tomate, huevo, queso o unas verduras.
Incluso las recetas que van al horno admiten este juego. Prueba a pincelar unas verduras o unas piezas de pollo con un poco de salsa antes de terminar la cocción, siempre que el tipo de salsa y la receta lo permitan. Así se integra con el resto de sabores en lugar de aparecer únicamente como acompañamiento al servir.
- Déjala para el final y cambia el resultado
Hay platos que ya funcionan por sí solos, pero que agradecen enormemente un último toque antes de llegar a la mesa.
Piensa en una crema de verduras. Unas gotas de salsa picante pueden darle un punto completamente distinto sin cambiar la receta desde el principio. Lo mismo ocurre con unos huevos, una tosta, unas verduras asadas o un bowl preparado con arroz y lo que tengas por la nevera.
También puedes jugar con contrastes. Una salsa miel y mostaza aporta un punto dulce a determinados quesos y verduras, mientras que la salsa Louisiana o la salsa picante Sabor Intenso pueden servir para terminar aquellos platos en los que buscas algo más de intensidad.
La ventaja de añadir la salsa al final es que tienes mucho más control. Puedes probar primero el plato, incorporar una pequeña cantidad y decidir si necesita algo más. Si varias personas van a comer lo mismo, incluso puedes dejar que cada una elija cómo terminar su ración.
Así, una misma base puede acabar teniendo resultados muy diferentes sin necesidad de preparar dos o tres recetas por separado.
Una salsa abierta no tiene por qué esperar a que repitas plato
Asociar una salsa a una única receta hace que sea fácil olvidarla en la puerta de la nevera después de utilizarla. Sin embargo, cuando empiezas a tratarla como un ingrediente más, aparecen muchas otras formas de incorporarla a tus comidas.
No hace falta buscar recetas complicadas ni comprar una lista interminable de ingredientes. Prueba con unas verduras, aprovecha lo que sobró de la comida anterior o dale otro aire a
ese bocadillo que preparas siempre igual. Muchas veces, una combinación diferente es suficiente para salir de la rutina.
Y esa es precisamente la idea: experimentar un poco más con lo que ya tienes. Las recetas con salsas Choví pueden ser un buen punto de partida para descubrir nuevas combinaciones y conseguir que ese bote abierto tenga muchas más vidas de las que imaginabas.



