Cocinar para dos parece sencillo hasta que toca calcular cantidades. Compras una bolsa de espinacas y sobra media, preparas arroz como si esperases invitados o abres un ingrediente para utilizar apenas una cucharada. Al final de la semana, la nevera acaba llena de pequeños restos que hay que intentar encajar en alguna comida.
La solución no pasa por medir cada ingrediente al gramo. Con un poco de planificación y algunas recetas que permitan aprovechar lo que ya está abierto, cocinar para dos puede resultar mucho más fácil. Y también más variado.
Comprar pensando en dos (y en más de una comida)
Una compra práctica empieza antes de llegar al supermercado. Si sabes aproximadamente qué vais a comer durante los próximos días, es más fácil elegir ingredientes que tengan cabida en varios platos.
Eso no significa preparar un menú cerrado para toda la semana. Basta con buscar cierta conexión entre las comidas. Unos tomates pueden formar parte de una ensalada hoy y terminar mañana en unas tostas. El pollo que prepares para comer puede convertirse en el relleno de un wrap para la cena. Y unas verduras asadas sirven igual como guarnición que como base para un plato de pasta.
También conviene prestar atención al formato. Si sois dos, un envase enorme solo compensa cuando sabes que vas a utilizarlo entero o que puedes conservar lo que sobre.
La pregunta que debes responderte antes de echar algo al carro es sencilla: ¿qué más puedo hacer con esto?
Las cantidades: ni quedarse corto ni cocinar para seis
Calcular cuánto preparar suele ser una de las mayores dificultades a la hora de enfrentarse a las comidas para dos personas. Especialmente cuando se trata de cocinar pasta, arroz, legumbres y otros alimentos que aumentan de volumen durante la cocción.
Las cantidades orientativas son solo una guía, no un mandamiento. Al fin y al cabo, el apetito de cada uno, la guarnición y el tipo de plato pueden hacer que lo que necesita cada persona varíe bastante.
Hay otra posibilidad: preparar a propósito alguna ración de más. No es lo mismo que pasarse con las cantidades sin querer. Si ya sabes qué harás con lo que sobre, ese extra puede convertirse en la comida del día siguiente y ahorrarte tiempo.
Un pollo asado, unas verduras al horno o unas legumbres cocidas son buenos ejemplos. Preparar un poco más una vez te permitirá cocinar bastante menos después.
Recetas fáciles para dos que admiten mil versiones
Cuando cocinas habitualmente para dos, merece la pena tener algunas preparaciones comodín. No hablamos de recetas cerradas, sino de formatos que puedes adaptar según la temporada, lo que haya en casa o lo que os apetezca ese día.
Un bol es un buen ejemplo. Parte de arroz, cuscús, quinoa o alguna legumbre; añade verduras, algo de proteína y termina con una salsa. Con la misma estructura puedes preparar combinaciones completamente diferentes.
Las tortillas y revueltos también resuelven rápidamente una comida. Champiñones, espinacas, queso, calabacín, patata o restos de verduras pueden acabar dentro sin necesidad de comprar ingredientes específicos.
Lo mismo ocurre con las tostas, los wraps y las ensaladas completas. Son recetas fáciles para dos porque las cantidades se ajustan sin dificultad y permiten aprovechar pequeñas porciones que de otra manera podrían quedarse olvidadas en la nevera.
Una base hoy, dos platos diferentes mañana
Cocinar una vez y comer exactamente lo mismo tres días seguidos no resulta demasiado tentador. En cambio, preparar una base que puedas transformar en cada comida sí puede acabar siéndolo.
Imagina que haces una bandeja de verduras al horno. Una parte acompaña la comida de ese día. Lo que queda puede mezclarse después con pasta, utilizarse en una tortilla o colocarse sobre una tosta con queso.
Con el pollo ocurre algo parecido. Puedes servirlo recién preparado con una guarnición y reservar una parte para desmenuzarla después. Al día siguiente tendrás prácticamente listo el relleno de un bocadillo, una ensalada o unas tortillas de trigo.
Cambiar los acompañamientos y las salsas ayuda además a que dos platos que parten de los mismos ingredientes sepan completamente distintos. Un toque de salsa César, barbacoa, yogur o miel y mostaza puede llevar una misma base en direcciones muy diferentes.
¿Y si a cada uno le apetece una cosa?
Cocinar para dos no significa que siempre tengáis que querer exactamente lo mismo. En lugar de preparar dos cenas desde cero, lo inteligente en estos casos es pensar en platos que permitan partir de una base común y personalizar cada ración.
Las hamburguesas, los wraps, los tacos, las ensaladas o los bowls funcionan especialmente bien en estos casos. Preparas los ingredientes una sola vez y cada persona termina el plato a su gusto.
Uno puede añadir más verduras y el otro más queso. Uno prefiere untarle guacamole y el otro darle un punto picante con salsa Louisiana. La preparación es prácticamente la misma, pero el resultado se adapta a cada gusto.
Aprovechar lo que sobra también forma parte de cocinar
Cuando sobran cantidades pequeñas, es fácil pensar que ya no dan para preparar nada más. Pero muchas veces basta con juntar dos o tres cosas para tener el comienzo de otra comida.
Medio tomate, unas cucharadas de arroz, un trozo de queso o un poco de pollo pueden convertirse en el punto de partida del siguiente plato. La idea es dejar de verlos como “sobras” y empezar a tratarlos como ingredientes que ya tienes preparados.
Una pequeña cantidad de verduras puede acabar en un revuelto. El arroz puede convertirse en una ensalada fría. Unas lonchas de queso y un poco de embutido pueden resolver unas tostas. Incluso varias cosas que, a primera vista, no parecen tener mucho que ver pueden terminar formando una cena de picoteo.
Antes de volver a comprar, echar un vistazo a lo que ya está abierto suele dar más ideas de las que parece.
Cocinar para dos sin complicar el menú
Comer entre semana no tiene por qué convertirse en una sucesión de platos improvisados ni tampoco exigir una planificación milimétrica. Entre ambos extremos hay bastante espacio.
Elegir ingredientes que puedas utilizar varias veces, ajustar las cantidades, preparar alguna base con antelación y aprovechar lo que sobra hace mucho más fácil cocinar para dos. Después solo queda variar acompañamientos, texturas y sabores para no tener la sensación de comer siempre lo mismo.
Y esa es precisamente una de las ventajas de cocinar para dos: con poca cantidad puedes probar muchas combinaciones sin llenar la nevera de restos.



